
DERECHOS RESERVADOS - FICA - UNIVERSIDAD TECNOLOGICA DE EL SALVADOR - FICA www.utec.edu.sv
Facultad de Informática y Ciencias Aplicadas, Edificio Gabriela Mistral, Cuarto Piso Tel: 503-22758841/503-22758844/E-mail: clucero@utec.edu.sv
Carlos Enrique Perdomo Arias
Director Escuela de Informática
Facultad de Informática y Ciencias Aplicadas
Resumen
En el artículo el término paradigma no es sinónimo de prejuicio; sino más bien, establece y analiza el reto impostergable relacionado directamente con las universidades y el sector empresarial; aunque el paradigma también involucra en su contexto a los organismos de investigación y desarrollo y al Estado mismo. Se presenta una breve reseña de las últimas revoluciones registradas desde el siglo XIX, en contraste con el análisis de indicadores relacionados con el desarrollo de algunos países de la región. Finalmente se analiza el paradigma Tecno-económico, en términos de la transformación de los patrones tecnológicos y organizativos, como estrategia de competitividad.
Palabras claves
Paradigma Tecno-económico, cluster del conocimiento, recurso humano, capital humano, capital intelectual, nativos digitales, socios técnicos, Boom Digital, aldea global, mercado global, innovación tecnológica, internacionalización, calidad total, benchmarking, ingeniería inversa, mejora continua, industria del conocimiento y universidad-empresa.
El origen de este cambio de paradigma es inherente a la actual revolución tecnológica global y al surgimiento de la industria del conocimiento, resultado de la fusión e integración de dos importantes corrientes de desarrollo mundial. La primera se fundamenta en la revolución informática, liderada y difundida por los EE.UU. desde la década de los 70 y la segunda desarrollada y exportada mayormente por Japón desde los 80. El paradigma Tecno-económico, principalmente reta a las universidades para que no solamente produzcan profesionales, sino también, conocimientos y capital intelectual, acorde a las exigencias demandadas en la nueva aldea global, al mismo tiempo el paradigma no lanza a las empresas únicamente a computarizarse e “internetizarse”, ciertamente es una parte del cambio que implica el nuevo paradigma; sin embargo, las enfrenta a la necesidad de “elevar anclas” y dirigirse a un nuevo modelo organizativo, ya que el extremadamente piramidal no es capaz de aprovechar las nuevas tecnologías. Actualmente se requieren de nuevos principios, prácticas y modelos organizativos.
Lo anterior se ilustra con lo sucedido en la década de los 70 del siglo pasado: EE.UU. había logrado el liderazgo mundial en la tecnología de producción en masa, dominando grandes segmentos de mercado, uno de ellos el de la fabricación de automóviles; pero inexplicablemente para los norteamericanos, Japón empezó a introducir vehículos que se cotizaban 1000 ó 1500 dólares abajo del precio de los producidos localmente por las mismas empresas norteamericanas, lo cual era el resultado de que los nipones habían complementado la inversión tecnológica con un modelo organizativo basado en calidad total, la participación y la mejora continua, lo que les permitió producir la misma cantidad de vehículos que los norteamericanos; pero empleando 50 horas hombre menos por cada unidad (Altshuler, MIT, 1984).
Este paradigma establece una ruptura sin precedentes, propio de los períodos de turbulencia e incertidumbre, originados por la transición entre las diferentes épocas de las revoluciones, tal como se registran desde el siglo XIX.
En el período de 1830 a 1875, se dio el “Boom Victoriano”, Europa y Estados Unidos compitieron por el liderazgo mundial, basándose en la combinación de las máquinas de vapor y los ferrocarriles. Entre 1875 y 1914, surgió la “Belle Epoque”, EE.UU. y Alemania se reconocieron como líderes mundiales, caracterizándose por la producción barata de acero, el desarrollo de la electricidad, el telégrafo y el teléfono transcontinental, se puede considerar como el primer proceso de globalización. En 1910 a 1974, surgió el “Boom Keynesiano”, EE. UU. continuó su liderazgo, al lado de otros países, sobresaliendo el motor de combustión interna, la producción en masa, el uso generalizado del teléfono, la electricidad y la sustitución de los materiales naturales por los sintéticos. Finalmente, a partir de 1971 se ha iniciado una nueva época, la cual se perfila como la era de la informática; a la que me atrevo a denominar desde mi humilde opinión como el “Boom Digital”. Aun no se ha consolidado el país que se reconocerá como líder mundial, lo fundamental se da en la microelectrónica, computadoras, sistemas de producción flexibles, digitalización de los servicios privados y públicos, las telecomunicaciones digitales y la expansión de la sociedad del conocimiento. El presente período de transición está marcado por la convergencia entre dos generaciones: los inmigrantes digitales y los nativos digitales.
Con el propósito de contrastar la capacidad de desarrollo de la región mesoamericana en el contexto anterior, se analizan algunos indicadores regionales, registrados para el año 2004, en la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología, iberoamericana e interamericana.
C-1. Indicadores relacionados con el desarrollo regional |
||||
País |
PIB |
% de la inversión en I+D+I relacionado con el PIB |
Personal relacionado directamente con CyT |
Total de patentes registradas |
México |
691.72 |
0.41% |
61,921 |
6,838 |
Costa Rica |
18.63 |
0.38% |
1,078 |
190 |
Panamá |
14.20 |
0.24% |
2,493 |
226 |
El Salvador |
15.69 |
0.00% |
258 |
54 |
Fuente: Registro al 2004 en la RICyT |
||||
Fuente: Registro al 2004 en la RICyT
Los datos muestran que no es casualidad que se considere a México como líder en la región, el indicador de patentes registradas se puede considerar directamente proporcional, al nivel de desarrollo en que se encuentra dicho país. Adicionalmente se puede observar la marcada diferencia en la cantidad de personas que se dedican a la ciencia y tecnología. Es obvio que los países que podrían tener protagonismo en el “Boom Digital”, serán los que inviertan sustantivamente en investigación, desarrollo e innovación (I+D+I). Lo que evolucionará en un círculo virtuoso entre el PIB, la inversión en I+D+I y el capital humano. La generación de riquezas con base en la tecnología, ocurre en el sector productivo. Para que el conocimiento incida en la calidad de vida hay que convertirlo en innovación productiva rentable.
Para remolcar el desarrollo de un país no basta el esfuerzo de todos los sectores involucrados, hay que crear la sinergia necesaria. En una orquesta no todos ejecutan el mismo instrumento, cada artista participa y sincroniza su esfuerzo con lo que le corresponde y en el momento asignado. Para lograr el reto de la competitividad y que posteriormente se traduzca en mejor calidad de vida, es necesaria la sincronización de los esfuerzos bajo un modelo que les permita a los actores, identificar y asumir su compromiso como parte de un todo.
Para fortalecer la competitividad del país e insertarlo en la aldea global, como parte del contexto de la era del “Boom Digital”, se proponen los siguientes planteamientos que persiguen implementar el paradigma Tecno-económico bajo el modelo de un cluster de conocimiento, que permita la sincronización y la sinergia de los sectores involucrados, atendiendo principalmente la implicación del rol de las instituciones de educación superior y el sector empresarial.
En los años 50 y 60 la corriente mundial impulsó un paradigma que estimulaba la creación de conocimiento hacia el interior de las universidades, esperando que las empresas acudieran al stock de conocimientos acumulados, para transformarlo en productos y procesos que se traducirían en oportunidades comerciales. Según la UNESCO, nunca sucedió lo previsto, pero si se logró crear dos escenarios tecnológicos separados que difícilmente se vincularían. Posterior a esta experiencia casi estéril, surgieron diferentes propuestas, algunos estados estimularon la creación de entidades de transferencia, otros migraron al “modelo de demanda” basado en un paradigma que incluía la innovación tecnológica, en donde el estado se enfocaba en los propósitos empresariales, convirtiendo a las universidades en instituciones marginales, que podrían o no apoyar el sistema productivo.
Ya no hay tiempo para resolver el dilema del huevo y la gallina, en el nuevo milenio hay que construir puentes que descalifiquen este divorcio tecnológico, las universidades deberán de insertarse inmediatamente y con mayor protagonismo entre el desarrollo científico técnico y el sistema productivo local. Al acentuar el compromiso de generar profesionales considerados como capital intelectual de la sociedad, deberían de producir también nuevos conocimientos que se puedan traducir en oportunidades de innovación en el sector productivo. Según Didrikson (1999) “las instituciones de educación superior se han convertido en pivotes de un desarrollo regional” y Alan Touraine (Touraine, 1973) define a la universidad como “un establecimiento que ampara e integra tres funciones: producción, transmisión y utilización de los conocimientos”. De todo lo anterior surge la interrogante ¿Qué ganan en esta labor las universidades? La respuesta es muy pragmática: ganan prestigio académico, científico, técnico y social, lo que indudablemente les concederá licencia para continuar existiendo y el derecho de ser parte del cluster del conocimiento que apalanca indirectamente la calidad de vida de la sociedad a la que se debe.
En el cuadrilátero correspondiente al sector empresa se tendrá que librar una verdadera hazaña, ya que para ceñirse el cinturón de la competitividad, primero deberán de vencer en los cuatro flancos que le plantea a las empresas el nuevo paradigma Tecno-económico, capacidad para seleccionar, adquirir e implementar la tecnología adecuada a su “core business”; entereza para poder “zarpar” de un modelo de organización extremadamente piramidal a uno más dinámico; habilidad para apropiarse del conocimiento y poderlo integrar en términos de innovación en los procesos, productos y servicios; finalmente el último desafío es, poder implementar el resto de estrategias que le permitirán insertarse y mantenerse en los mercados globales, deberán de internacionalizarse, adoptar buenas prácticas, como calidad total, mejora continua, benchmarking, ingeniería inversa, al mismo tiempo deberán de aprovechar e invertir en el puente universidad-empresa. Si las empresas no se dan cuenta que existen inmersas en el contexto del “Boom Digital”, serán como un barquito de papel en un río de aguas turbulentas. (los planteamientos se han complementado con ideas de la teoría de la ventaja competitiva de Porte, 1990).
En resumen, las universidades deberán de aportar capital intelectual a través de sus graduados y producir conocimientos factibles para que las empresas los transformen en innovación tecnológica. El sector empresarial por su parte, tiene el compromiso de transformar los aportes proporcionados por las universidades en elementos que permitan mejorar la calidad de vida de los miembros de la sociedad, a través del aumento de la producción - con incidencia en el PIB - e invirtiendo en el recurso humano hasta lograr convertirlo en capital humano (personal con conocimientos del “core business”) y porque no decirlo, podrían hasta convertirse en socios técnicos internos (personal con conocimientos del “core business” y alto nivel de creatividad).
FIN